Carlos Adrianzen

Para elegir mejor

Por: Carlos Adrianzén.

En pocas semanas, los electores provincianos –disculpen, los votantes de todas las regiones del país– volverán a las urnas. Desde la costa hasta la selva, millones de compatriotas, algunos bienintencionados, motivados así como otros tantos desinformados y molestos por tener que votar por coerción económica (la opresión de una abultada multa más el costo de los trámites de recuperación de la operacionalidad del DNI) tendrán que elegir. Y así elegirán entre miles de sugestivos personajes, de toda condición y calaña.

Los electores tratarán de no equivocarse, no pocas veces abrumados por campañas de fondeos incomprensibles. Los candidatos, en cambio, comprenderán que si de verdad desean ser elegidos deberán –primero– conseguir el mayor financiamiento posible para sus campañas (predictor implacable de los triunfos electorales peruanos de los últimos años) y –luego– ofrecer lo que sus electores desean escuchar (justamente lo que les sugerirán sus asesores políticos pagados por el aludido financiamiento).

Algunos candidatos conocen que lo que la gente desea escuchar –como repetía el economista estadounidense Paul Samuelson– es lo que nunca va a pasar. Otros, en cambio, descubrirán –gracias a su propia falta de preparación para el gobierno– que las ideas que ofreció cándidamente en campaña adolecían hasta de la más elemental consistencia. Pese a que la historia no contrasta que aun nuestros políticos más experimentados hubieran adquirido aceptables dotes de gobernantes, no son pocos los observadores que repiten que así aprende la clase política peruana. Lo cruel de esta última afirmación trasciende el que algunas veces ciertos gobernantes aprenden a evitar –ciertos– errores. Por desgracia, la experiencia de gobierno en una nación institucionalmente débil los ayuda a incorporar no pocas mañas y hasta hábitos políticos nada santos.

Por ello, les sugiero que desprecien la retórica, la propaganda y hasta los consejos periodísticos guiados (práctica indeseablemente muy común en todo el país). Tengan muy en cuenta sus cifras.

Si alguien desease reelegir a su actual presidente regional, chequee bien cuánto creció su región durante los cuatro años de su mandato. Por ejemplo, y sin dejar de lado otras evidencias relevantes, tenga en cuenta que regiones como Cusco o San Martín habrían crecido –en el período 2010-2013– muy por encima de Lima y del promedio nacional. E incluso, con una proyección pasiva conservadora para el 2014 (por tanto, período 2011-2014), estas tres regiones mantienen su liderazgo. Algo deben haber hecho mejor sus presidentes (en comparación con el resto) operando a grandes rasgos el mismo entorno macroeconómico. En el caso de las regiones sinónimo de fracaso en términos de desempeño (Cajamarca, Pasco o Áncash), esta práctica le recomendaría que los reelija sí y solo sí usted sea masoquista o pariente del aludido.

En ausencia de un candidato a la reelección, use esta evidencia discriminando positiva o negativamente a los candidatos “nuevos” según su discurso económico resulte similar al de los aludidos.

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Publicación autorizada por el autor para el Instituto Acción Liberal.

Artículo publicado originalmente en el Diario El Comercio (23/04/2014).

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