José Manuel Acosta

LA REMUNERACIÓN MÍNIMA VITAL: viendo más allá de lo evidente

Por: José Manuel Acosta Aguilar

“Sheccid y Calos son dos jóvenes con aspiraciones, sueños, temores y objetivos en la vida. Sheccid es ingeniera industrial, egresada de una prestigiosa universidad de Lima, trabaja en una empresa exportadora de productos industriales. Carlos tiene secundaria completa y una lesión crónica en la columna, causada por un fuerte golpe que sufrió cuando era niño. Carlos trabaja en la construcción de obra, oficio que aprendió de su padre y del que se siente orgulloso, pero Carlos no puede trabajar con total exigencia por su lesión vertebral. Sheccid y Carlos son novios, se enamoraron pese a sus diferencias conceptuales por esa razón literaria que sólo entiende el sentimiento. Sheccid está embrazada y Carlos es el hombre más feliz del mundo. Se despiertan cada día, ella va a su trabajo y él al suyo”.10002705_10202631069569335_459269357_n

Apropósito del caso antelado, la historia de la humanidad nos ha presentando a una institución concurrente a toda sociedad, el trabajo. Esta institución ha sido ampliamente cualificada y estudiada por ciencias y disciplinas sociales, desde expresiones como “el trabajo dignifica al hombre”, “el trabajo es un derecho y un deber de las personas”, hasta afirmaciones más objetivas como “el trabajo es la fuente de riqueza”; así se nos ha pretendido informar sobre esta insoslayable institución. En esta línea, las valoraciones morales y éticas son importantes, pues dan un contexto afectivo y romántico de lo evaluado, así nos adentran al mundo cercano del “deber ser”, no obstante, aquí nos esforzaremos por privilegiar no sólo lo que “debería ser”, sino también nos acercaremos atrevidos al mundo en lontananza, al mundo del “ser”, de lo que existe, de lo real.

Podríamos preguntarnos, ¿Por qué el empleador contrata al trabajador?, en nuestro caso, ¿Por qué contratar a Sheccid y/o Calos?, así ensayaríamos algunas probables respuestas: porque el empleador es muy bueno, porque la persona necesita trabajar para ser digna, porque así lo recomienda la Iglesia, porque así está prescrito en nuestra Constitución Política del Perú en su art. 02 inc. 15, porque así lo deja interpretar la Ley de Productividad y Competitividad Laboral; y en fin, podríamos pasarnos toda la semana ensayando probables respuestas a la pregunta ut supra, y claro está todas ellas en un sentido de “deber ser”; pero miremos más allá, contemplemos el sentido del “ser”, de lo que existe y es real, y volvamos a formularnos la pregunta, ¿Por qué el empleador contrata al trabajador?, la respuesta es sólo una, PORQUE LE ES PRODUCTIVO, porque la base del trabajo es la productividad, en ello, sin productividad no hay trabajo.

Entonces podríamos pensar en lo que los muy respetables laboralistas del derecho tanto protegen y proclaman, la remuneración mínima vital (RMV). Aquí nos preguntamos, ¿La RMV protege al trabajador o no?, desde una visión ética del “deber ser” podríamos argumentar que si, que protege la dignidad de las personas de no ganar menos de lo mínimo vital, que es justo colocar un piso de remuneración mínima para satisfacer las necesidades de los trabajadores, etc. Pero si hemos argumentado que el trabajo es causado y responde a la productividad del trabajador, podemos responder que la RMV protege al trabajador, si y solo si, el trabajador produce poco más de la RMV. En esa línea, si nosotros fuéramos empleadores, ¿contrataríamos a un trabajador que no nos es productivo?, ¿le pagaríamos más de lo que nos produce?, ¿contrataríamos a un trabajador sólo por hacerlo feliz, aunque que no haga nada?, la respuesta es obvia, NO (salvo claro, muy excepcionales casos).

Un punto que no hemos observado en nuestro análisis tradicional son las consecuencias de establecer una RMV. Recordemos que la base y presupuesto del trabajo es la PRODUCTIVIDAD. A favor del establecimiento de la RMV podíamos decir que protege a los trabajadores que cumplen con producir poco más de la RMV, entendiendo que tras el contrato laboral existe una doble ganancia, ambas partes pretenden ganar, tanto el empleador como el trabajador; así en nuestro caso introductorio, si el costo de contratar a Sheccid y/o Calos es inferior a su productividad (beneficio), serán contratados; pero si el costo de contratar a dichos trabajadores es superior a su productividad, no serán contratado o serán subcontratado. Entonces, la gran ventaja o conveniencia que nuestros maestros laboralistas nos han inculcado en cuento a la RMV no fue nunca tan cierta o en el mejor de los casos fue siempre incompleta.

La RMV protege sólo a los trabajadores que puedan producir una RMV, aquellos otros trabajadores que por distintas circunstancias, por haber sido socialmente excluidos de toda formación o instrucción posible, aquellos trabajadores que no alcancen productividad mínima por circunstancias desafortunadas o naturales; todos ellos son excluidos totalmente de esta protección legal de la RMV, y como si no fuera poco, agregado al infortunio de no ser productivos se aúna a ello la desprotección legal, pues recordemos que el derecho sólo protege lo formal; por ello los analistas económicos que estudian lo formal e informal (por estudiar el mercado) observan esta realidad y la advierten. Así en nuestro caso introductorio, Sheccid que es profesional y tiene cierta experiencia laboral, es productiva y por ello será protegida por el sistema laboral y por la RMV; por el contrario, Carlos por su lesión crónica no podrá producir el pago de una RMV, por lo que no será contratado, será despedido o subempleado, a él, el sistema no sólo lo condenará a la improductividad fortuita de la que es víctima, sino además lo condena a la informalidad en el trabajo y a la desprotección legal laboral.

Sheccid dio a luz un 15 de febrero a un varón al que llamaron igual que su padre, Carlos; y claro, pese al trabajo formal y productivo de ella y a la labor informal de él, fueron felices”.       

En línea conclusiva, la RMV protege sólo a un grupo de trabajadores si acaso, condenando a otro grupo menos favorecido a las condiciones de la informalidad y de la desprotección legal, toda vez que la vigencia legal de la RMV lo que hace es establecer un requisito no sólo al empleador para poder contrata a alguien, sino también es un requisito para el trabajador, las nomas laborales parecerían decirle: “si no alcanzas productividad mínima, no serás protegido legalmente”. En ese sentido, lo que genera la RMV con los trabajadores es trasladarlos del mercado formal laboral al informal, donde no hay protección, donde no existe el derecho “formal” que conocemos.  No debemos conformarnos con lo que observamos, debemos ver más allá.            

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