Enrique Pasquel

Calmando las aguas

Por: Enrique Pasquel

Desgraciadamente, varias fuerzas políticas chilenas presionan para que el tema limítrofe no termine de cerrarse. De suceder esto, no sería extraño que se despierte en nuestro país un peligroso nacionalismo o un antichilenismo exacerbado. Ello, a su vez, podría entorpecer las relaciones entre los ciudadanos de ambos países, lo que supone riesgos mayores que lo que está en juego en los territorios hoy en discusión.

Valgan verdades, no tenemos certeza de que en el mar que hemos ganado exista alguna riqueza considerable que pueda ser explotada rentablemente. Prueba de ello es que el gremio pesquero dice que los beneficiados serán los pescadores artesanales (pues esa área no despierta un interés mayor para la pesca industrial) y que, a la vez, los artesanales dicen que no pueden asumir la inversión para pescar en esa zona. Las mismas autoridades chilenas declaran que solo el 0,01% de la pesca de su país se verá afectada con la pérdida de dicha área.

Por su parte, el ‘triángulo terrestre’ sobre el que Chile quiere discutir, siendo francos, no es la gran cosa. Se trata de menos de cuatro áridas hectáreas que lo más probable es que nunca aprovechemos y que, además, no tienen mar.

No digo que no tengamos razón en defender este territorio, ni propongo abstenernos de usar las vías legales para reclamar lo que es nuestro por derecho. Pero, a la vez, creo que no hay que perder la perspectiva.

Veamos lo que ha supuesto hasta hoy para los peruanos una sana relación con Chile. Según la Sociedad de Comercio Exterior del Perú (Cómex-Perú), solo el año pasado, Chile fue el quinto país inversor en nuestro país, con US$1.390 millones. En el sector comercio, el aporte de capital de sus empresas posibilita más de 59.000 empleos directos y ventas para más de 26.000 empresas comerciales peruanas. En el 2012 nos permitió recaudar más de S/.1.200 millones en impuestos. Ese mismo año Chile fue nuestra principal fuente de turismo: más de 806.000 chilenos visitaron el Perú (casi dos veces el número de europeos). Y nuestra participación en la economía chilena también es muy significativa.

Por esto, es importante ser más grandes que aquellos políticos chilenos que fomentan el conflicto para convertirse en símbolos de un nacionalismo que alimenta su popularidad, mas no a su pueblo. Un tipo de populismo que no debemos cultivar en el Perú. Y es que si se fomenta el odio en nuestro país, los únicos que ganarán serán los políticos que quieran usar el antichilenismo como forma fácil de levantar sus alicaídos resultados en las encuestas.

Debemos ver todo el bosque y no perdernos en un par de árboles. Defendamos lo nuestro, pero no nos quedemos por años atorados en un nuevo conflicto limítrofe que alimente sentimientos inútiles.

Después de todo, nacer peruano o chileno es un accidente del destino, que no debe impedirnos ver que todos somos personas que tienen derecho a cooperar para hacer su vida mejor. Hagamos patria, no dejemos que algunos políticos alimenten un nacionalismo absurdo para separarnos.

Publicación autorizada por el propio autor para el Instituto Acción Liberal.

Originalmente publicado en el Diario El Comercio (30/01/2014)

 

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