José Manuel Acosta

“La Universidad” y el Derecho a soñar con un mundo distinto

Por: José Manuel Acosta

“Es mayo de 1968, en Francia se ha desatado una protesta popular de escala, los estudiantes universitarios y los obreros se han unido en una sola voz, se ha dado paso a lo que se conocería como ´el Mayo del 68´. Eléonore Fournier es una estudiante francesa de leyes. Es lunes, se ha despertado temprano, leído parte de un libro de filosofía y partido a la marcha por la protesta del cambio social. Eléonore se posiciona en la tercera fila de un frente de estudiantes cuyas proclamas y protestas de altoparlante buscan un cambio, reclaman “la imaginación al poder”. Más allá de las luchas que Eléonore observa entre sus compañeros estudiantes de la Universidad de La Sorbona y las fuerzas policiales francesas, piensa que la violencia no es el mejor medio, piensa acaso que tal vez otros mecanismos pudieron ser más fructíferos. Eléonore carga unas hojas de papeles amarillos, los lleva entre sus manos ligeras y pequeñas, como sólo acostumbradas a hacer frente a la magnitud y el peso de los libros de salón y biblioteca. Eléonore es una mujer muy bella, y como no serlo si su sonrisa siempre va acompañada de buenas ideas, y un libro que la espera siempre en casa, abierto de par en par, dispuesto a ella. Eléonore ha conversado en aulas universitarias con sus compañeros y planteado la reforma de los estudios universitarios, pues ha percibido que su sociedad caótica necesita un cambio, siendo preciso reivindicar la creatividad, la capacidad de innovar, habría que replantear los conceptos y los valores, habría que descontaminarse del pensamiento estático y esclavizante de los dogmas incuestionables y de los hábitos intelectuales. Eléonore internaliza la idea de luchar por sus derechos, sin violencia y con conciencia de cambio, marchar pacíficamente, luchar con argumento por su derecho a soñar, a intentar nuevas alternativas a los problemas, a abordar la ciencia desde la imaginación y la creatividad. Eléonore observa la violencia y se decepciona, no obstante apertura uno de sus libros y lee por un micrófono de altavoz, habla de la libertad, de la dignidad, del ´derecho a soñar con un mundo mejor´. Las filas de estudiantes se abren frente al avance incontenible de las fuerzas policiales, la violencia afiebrada rompe todo control, un proyectil que se engendró en un fusil de un miembro de las fuerzas policiales va a parar en el vientre de Eléonore, nuestra bella universitaria cae al suelo con sus hojas de libro e ideología, sus cabellos largos y oscuros, su vestido y sus manos blancas en el pavimento de una calle de Paris. Andreu su novio corre hacia ella, la abraza, llora y pide ayuda. Nadie los puede ayudar. Pasado unos minutos Eléonore muere, víctima de las heridas de ese proyectil que fue a parar en su vientre, el mismo vientre con el que Andreu soñó tantas veces ver nacer a sus hijos. Es 24 de mayo, y este es un día que Andreu jamás olvidará”. (Ejemplo creado por el autor del presente texto).                   

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En análisis y utilidad del caso antelado, la libertad de pensar y de evaluar nuevas alternativas no es ajena al Derecho, así como luchó Eléonore, ¿estaremos dispuestos los hombres y mujeres dedicados a la ciencia y la mejor solución, a luchar desde la academia y el argumento por nuestras ideas?, debería ser así. Para dirigirnos al tema a tratar es menester hacernos algunas preguntas; ¿cuántas veces nos hemos expuesto a la creencia y fe, de que el derecho es invariable?, ¿cuántas veces hemos escuchado argumentar a favor de que en derecho ´no hay nada nuevo bajo el sol´?, ¿cuántas veces hemos sido duramente criticados por la sola idea de pensar distinto?, pues muchas veces; dado que consciente o inconscientemente muchos pensamos y argumentamos, ciertamente equivocados, de que el derecho es constante y monopólico; constante pues tomamos como definición de derecho al “conjunto de normas debidamente ordenadas y sistematizadas”, y monopólica pues pensamos que el derecho es producido y creado sólo por el Estado y que además este derecho se encuentra sólo, sin competencia ni alternativa alguna; siendo estas dos posturas equivocadas desde nuestro punto de vista. Así pasamos a argumentar:

1.- El Derecho no es estático, es Dinámico. Recordemos la “Teoría Tridimensional del Derecho” planteada por Miguel Reale (1910 – 2006) y de la que escuchamos y leímos en la universidad. Reale concebía la existencia de tres elementos o dimensiones dentro del derecho; entiéndase la fáctica, la normativa y la axiológica, siendo estrictamente necesaria la concurrencia de estas tres dimensiones. Esta teoría del derecho ha sido avalada y criticada también, pero tiene un gran mérito, en algún sentido define al derecho como dinámico y cambiante. Recordemos aquí algún profesor nuestro que nos haya dicho que “todo viene del Derecho Romano”, “que nada se ha inventado o creado” y que nuevamente “no hay nada nuevo bajo el sol”; pues habría que alcanzar reflexión del dejemplo que el propio Miguel Reale planteó; a saber (como afirma Salto Carlos Eduardo, en “Análisis sobre le Teoría Tridimensional del Derecho”: “(…) Seguidamente el autor – M. Reale – nos muestra un ejemplo de la mutación del derecho en virtud de la alteración en el plano de los hechos, caso en el cual actuó como abogado. Su relato gira sobre un importante negocio de ropa femenina llamado ´Casa Vogue´,  ubicado en el centro de la ciudad de San Pablo. Este negocio tuvo un crecimiento tan importante,  que su dueño, cliente del abogado Miguel Reale, derribó una pared interior para aumentar espacio en su taller. El propietario del local demandó inmediatamente el desalojo del inquilino. Reale, en calidad de abogado, respondió lo siguiente: ´Ilustres Jueces, lo que hubo fue un cambio esencial en el plano de los hechos. El Código Civil Brasileño fue hecho en una época en que las paredes sustentaban edificios, pero, hoy en día, cuando los edificios tienen estructuras metálicas, o de cemento armado, las paredes internas son removidas como si fuesen tapias y no afectan la estructura del edificio. Cuando el inquilino se vaya, al término del contrato, colocará la pared en su lugar[1]. Reale cuenta que ganó este juicio y adquirió mayor experiencia jurídica. En este segundo ejemplo, el autor nos muestra cómo puede cambiar el derecho cuando cambian los hechos. En este caso el hecho que cambia es la tecnología de construcción de edificios, el análisis de sus efectos sobre el fenómeno jurídico, nos lleva a explicar tridimensionalmente, el cambio en el derecho”; de este ejemplo se desprende la NATURALEZA DINÁMICA Y CAMBIANTE DEL DERECHO, pues por más que se conservemos en nuestros códigos o en nuestras normas positivas, las mismas letras ordenas ortográficamente, si la interpretación o valoración de dichos conceptos o instituciones cambia, el derecho habrá cambiado. Más allá de las críticas y de las ausencias en el pensamiento de Reale, probó que el derecho es variable.    

2.- El Derecho no es de creación monopólica, sino competitiva.

Desde nuestras lecturas  hobbesiana hasta los más modernos de algunos escritos científicos del derecho, seguimos concibiendo que el derecho se crea monopólicamente, que el derecho es creación estadual, propio del Estado y nada más que por el Estado. Ciertamente el derecho no se crea monopólicamente, sino competitivamente; en el sentido que las personas tomamos decisiones todos los días y en cada una de esas decisiones hacemos un análisis de nuestras conveniencias y beneficios, lógicamente no hablamos de análisis de laboratorio sino de aquellos que hacemos para elegir entre una camisa blanca o una azul, entre tomar un microbús o un taxi, y claro, al elegir en obedecer la ley vigente o desobedecerla. En este punto es muy importante el concepto que tengamos sobre costos como lo expresa en su argumento el Dr. Enrique Guersi, ¿pero qué tienen que ver los costos aquí?, tienen que ver mucho, en esencia, todos al tomar una decisión, con mayor o menor racionalidad, con mayor o menor conciencia, hacemos un análisis de costos, una análisis costo – beneficio. Entonces es menester hacer cuenta de la existencia de 02 clases de costos:

a) El Costo Objetivo; que está referido al costo que le damos a alguna cosa o a alguna acción a realizar, por el conjunto de sus elementos que lo integran, por ejemplo comprar una silla tienen el costo resultante de la suma de la madera utilizada, el pintado, los clavos, la mano de obra del carpintero, etc.; y

b) El Costo Subjetivo; que es lo que dejo de hacer para obtener lo decidido, el costo es la alternativa (y todo tiene alternativa) en economía es llamado “costo de oportunidad”, por ejemplo, el costo de comprar una silla sería lo que dejé de hacer o comprar con ese dinero y lo que deje de hacer en ese tiempo invertido en la compra (es preciso aclarar que el costo subjetivo es distinto para cada persona). Habiendo entendido los costos existentes nos preguntamos ¿el derecho es costoso?, y la respuesta es “claro es costoso”. Desde los costos objetivos (el costo de crear la ley, el costo de cumplirla, la información y el tiempo a invertir, etc.) y desde los costos subjetivos (la alternativa a la ley; ciertamente, la costumbre). En esencia, cuando una persona se entera de la existencia de una ley, lo que hace es hacer un análisis de conveniencia (costo-beneficio; con mayor o mejor racionalidad, con mayor o menor información y conciencia, pero la hace), si cumplir con la norma le crea más costos que beneficios (en su valoración subjetiva), simplemente la persona deja de cumplir con la Ley y elige su alternativa, la Costumbre. En esencia, la alternativa de la ley es la costumbre y la alternativa de la costumbre es la ley; en un sentido subjetivo, el costo de la ley es la costumbre y el costo de la costumbre es la ley. Entonces, cuando el Congreso de la República crea una ley y esta entra en vigencia formal, eso no quiere decir que la norma será cumplida inmediatamente y al pie de la letra, NO, el producto del análisis (costo-beneficio) de las personas definirán si deciden obedecer la ley en vigencia u elegir la costumbre que es su alternativa; así el derecho no está sólo, no se crea aislado y monopólicamente, el derecho se crea competitivamente. Un claro ejemplo son los plurales mercados informales (estudiados por el economista peruano Hernando De Soto en el Instituto Libertad y Democracia) que existen en nuestro país, así, si una ley es muy costosa (cuesta dinero, tiempo e información) lo que se va a crear es que la línea de la informalidad se corra, ingresando más personas al mundo del mercado informal; condenando el sistema a estas personas a la desprotección legal.

En esencia, es claro que el derecho es dinámico y que se crea competitivamente. Estas conclusiones nacidas de análisis distintos e independientes a los tradicionales, autónomos de los que aceptan teorías inmarcesibles e incuestionables, de los que no aceptan crítica porque viven en su mundo mágico del derecho invariable; estas nuevas formas de pensar no fueran posibles si la sociedad no fuera libre, si personas como Eléonore Fournier (la estudiante francesa de nuestro ejemplo introductorio) no hubiera luchado por la libertad desde la razón y la crítica, esa libertad de análisis y diálogo lo hemos heredado nosotros, seamos dignos entonces de “no tomar como incuestionable a la verdad instaurada por el simple hecho de estar instaurada”, seamos capaces de esforzarnos desde nuestra tribuna, con ideas y acciones, con paz y razón, con lucha y respeto. Seamos capaces y libres de soñar con un mundo mejor.


[1] REALE, M. (1997), Teoría Tridimensional del Derecho (Trad.  A. Mateos), Madrid,  Editorial  Tecnos. (Original en portugués, 1994).

Artículo exclusivo para el Instituto Acción Liberal.

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