José Manuel Acosta

La “Vigencia Real de las Normas” y el síndrome de asperger

Por: José Manuel Acosta Aguilar

“Adrián es un adolescente de 10 años, tiene una característica muy propia, una cualidad que lo acompaña siempre y lo diferencia del resto, tiene síndrome de asperger. Adrián tiene algunas pequeñas dificultades en sus relaciones sociales, pero estas son muy pequeñas, casi inadvertidas; tiene una inteligencia por encima del promedio y ha sobresalido en campos de ciencia en su colegio en donde además es brigadier general. El médico le dijo a la madre de Adrián que ´las personas afectas por este síndrome, se tornan demasiado concentradas u obsesionadas con un solo objeto o tema, ignorando todo lo demás´, y ciertamente la madre de Adrián ha descubierto en la actitud de nuestro pequeño amigo, una fijación obsesiva y afiebrada por crear ´normas para los juegos de sus amigos, que ríen en el parque frente a su ventana´. Adrián piensa reflexivo, mientras va apuntando en una hoja de papel todas las normas o reglas que dirigirán los juegos que sus amigos practican en los parques de verano, en las calles que acompañan sus actitudes adolescentes.

Adrián despertó un domingo muy temprano, se ha vestido formal y ha lustrado sus zapatos, se ha dirigido donde sus amigos reunidos en el parque al frente de su casa, ha interrumpido su juego y expresado: ´He creado las reglas perfectas para sus juegos, unas reglas que harán perfecta la competencia y su diversión´; sus amigos lo han mirado con cierta extrañeza, lo han escuchado, leído tal invento descrito en hojas y lo han discriminado del juego, lo han expulsado de su círculo amical pues sus reglas inventadas, no funcionan en el real juego de sus amigos, toda vez que Adrián no tuvo el conocimiento y la data suficiente para definir las reglas básicas de aquellos juegos. Adrián algo entristecido mira a sus amigos desde su ventana, acaricia sus hojas donde conserva sus “reglas perfectas”, mientras sus amigos juegan igual, con la misma emoción y espontaneidad de siempre; entonces Adrián descubre al fin que entre sus amigos y el juego hay un cierto orden espontáneo, que rige su sistema de juego y le da un orden particular a ello. Adrián sonríe, siente que siquiera en parte y por esta vez, con su reflexión final, ha vencido a su síndrome de asperger, va donde sus amigos sin sus ´reglas perfectas´, juega con ellos y es feliz”.

En análisis y utilidad del caso antelado; en nuestra atmósfera política peruana, observamos desde el parque (la sociedad, la academia, el mercado, etc.) como desde sus ventanas (Congreso de la República, Palacio de Gobierno, etc.), algunos personajes políticos pretenden definir “normas perfectas” que regulen el juego en el gran “parque” de la sociedad y con ello, lograr regular perfectamente las múltiples e incuantificables relaciones sociales de las personas. Estos personajes políticos que frente a un problema social (cualificado por ellos como problema social – con la probabilidad de realmente serlo; en cualquier caso la valoración subjetiva de las personas será importante), plantean cual “formula mágica”, normas que pretenden ser la solución abstracta de su sociedad imaginaria, frente al problema en una sociedad real. El gran problema no es la regulación, ciertamente y en opinión personal, las normas son muy importantes, pero no si estas son prohibitivas y pretenden crear en la sociedad real, un mundo abstracto, quimérico y falaz; que el legislador imaginó, NO; en esta línea, nuestra clase política (sin absolutismos) decide encerrarse en su mundo imaginario, sin mayor opinión que la de su política ideológica y romántica, y su formación legal monopólica e insuficiente claro; y tras sus ventanas observar y crear normas que se pretendan “perfectas”, imaginando que desde su punto de vista (que es ciertamente subjetivo), se solucionará el problema social, y lo hacen sin mayor información y data, sin escuchar muchas veces las voces de la economía, la historia, la sociología, la filosofía, etc.

Aunado a ello, en el año de 1986 un connacional nuestro, el economista Hernando De Soto, publicó un popular libro titulado “El Otro Sendero”, en esta empresa de investigación y descubrimiento realizado desde el Instituto Libertad y Democracia. De Soto descubrió la tremenda informalidad de la economía peruana de entonces, una economía que sostenía su solvencia en los estructuras espectrales y subterráneas de la informalidad; en esencia, la informalidad sostenía nuestra economía y nos hacía estar mejor (v. gr. gran parte de la producción económica es generada por los pobres que están fuera de la economía oficial porque no disponen de ningún título de propiedad). Pero, ¿qué relación tiene la obra de De Soto con el tema que nos ocupa?, pues mucha; toda vez que en la obra antelada, encontramos definida la clara “ineficiencia de las normas legales”, su inaplicabilidad y desobediencia monumental en la realidad. Entonces en una sociedad en donde sus normas son desobedecidas a gran escala, entiéndase; en donde su derecho no tiene “vigencia real”, ¿podemos hablar de un “estado de Derecho”? Esto podría llevar a ciertos grupos sociales a idear su quimera de una sociedad mejor (de una sociedad donde el bienestar es ordenado desde los grupos de poder), y con ello correr el riesgo de aperturar ideas golpistas porque simplemente no existe el “estado de Derecho” que los teóricos nos definieron y con ello, ver interrumpida una vez más nuestra aún embrionaria democracia. Tenemos entonces a una gran población de personas viviendo no en observancia de las normas legales oficialmente establecidas, NO, sino viviendo conforme a sus propias normas, a sus normas basadas en la costumbre; entonces nace y se desarrolla un nuevo derecho.

Esa muy enraizada idea que el derecho a través de la creación y “vigencia formal” de leyes va a solucionar problemas; es una falacia, es un error y una quimera; ello no pasará si el derecho se encuentra solo, he ahí la visión monopólica e insuficiente que deberíamos corregir como sociedad a través de la educación.

Habría que preguntarnos entonces, ¿qué naturaleza o características deben tener nuestras normas-leyes para que verdaderamente sean cumplidas en la realidad?, la respuesta ciertamente no es sencilla, no obstante ello, para construirnos una eficiente y funcional naturaleza normativa, debemos tener en cuenta muchos frentes, entre ellos a lo expreso por el Análisis Económico del Derecho (AED), representado fundamentalmente mas no exclusivamente, por el premio Nobel de economía de 1991, el profesor Ronald Coase. Fundamental; las normas dictadas por el Estado deben generar los menores costos posibles y procurar permitir la mayor probabilidad que las personas contraten y se relacionen en libertad, así la gente podrá cumplir las normas y entonces tendremos una derecho “realmente vigente” y un derecho que no se vea amenazada cada cuanto, con un probable golpe de Estado o con la creación de más mercados informales; y permitiendo que los informales (personas dignas que trabajan por alcanzar la satisfacción de sus necesidades), sigan en la desprotección sistemática que significa estar al margen de la ley.

En esencia, nuestro legislador no debe ser como nuestro pequeño amigo Adrián, “sólo creando normas desde su ventana”, encerrándose en su mundo imaginario; debe observar e involucrarse en el gran parque de la sociedad; en donde las normas son muy importantes, si acaso descubrimos cierto orden espontáneo en el gran juego de las relaciones sociales.

jjm

Artículo exclusivo para el Instituto Acción Liberal.

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