José Manuel Acosta

La “Igualdad Absoluta en los Contratos” y la Falacia del Nirvana

“Fabricio y Gonzalito son dos niños – vecinos además – que en fechas de navidad se aperturan a las calles del barrio donde nacieron, intercambian juguetes y son felices. Fabricio y Gonzalito son hijos de abogados. Fabricio ha recibido de sus familiares dos juguetes, estos son dos “gatos” a pilas, y Gonzalito a recibido también dos juguetes, dos “perritos”.

Fabricio y Gonzalito han conversado y han llegado a la conclusión que Fabricio desea un “perro” de Gonzalito y este desea un “gato” de Fabricio, pues así estarán mejor; entiéndase, tendrán variedad en sus juegos. Se miran riendo con leal timidez infantil y se preguntan, ¿qué debemos hacer para actuar como nuestros padres en sus grandes contrataciones?

jmFabricio recuerda haber escuchado a su padre (abogado) hablar de un tal “sistema contractual”, donde la bilateralidad crea una igualdad “perfecta” entre las partes, donde las clausulas contractuales se basan en la naturaleza equilibrada de los contratantes, donde ambas partes son exactamente iguales – ríen los niños mientras uno le comenta ello al otro -. Gonzalito recuerda haber escuchado a su madre (abogada) hablar sobre la naturaleza civil de los contratos y que en ella, las partes gozan de una equidad inquebrantable.

Entonces, Fabricio le expresa a Gonzalito: si yo deseo un “perro” tuyo y tu un “gato mío”, pues yo valoro más tu perro que mi segundo gato, ¿debemos estar en total equidad, en una igualdad perfecta de partes?, ¿mi “gato” debe valer lo mismo que tu “perro” para intercambiar con seguridad y conveniencia?, Gonzalito lo mira y mueve la cabeza, nuestros pequeños amigos han descubierto que NO, que tal equidad ajustada a sus preferencias y valoraciones SUBJETIVAS es INEXISTENTE, que sus padres abogados se equivocan, y ríen mientras siguen jugando”.

En esta línea y en utilidad del ejemplo antelado, es menester hablar de la “Falacia del Nirvana”. Este es un término acuñado por el economista de la escuela de Chicago, Harold Demsetz (introdujo el concepto en un famoso artículo que escribió en 1969, titulado “Information and Efficiency: Another Viewpoint”, en español: “Información y Eficiencia: Otro punto de vista”), para hacer referencia al error lógico consistente en comparar situaciones reales contra situaciones utópicas e irrealizables. El peligro y riesgo de esta falacia es que cuando se presenta en el campo argumentativo viene disfrazado como un enfoque comparativo veraz y cierto. Sin embargo, esta falacia (la de la igualdad contractual), como las demás no es más que un razonamiento equivocado con apariencia de corrección, errado no por su teleología, sino por darle la espalda a su naturaleza económica. El equívoco de esta “igualdad contractual” se debe a su naturaleza incompleta, pues no tiene en consideración la naturaleza económica de los contratos, y recordemos; sin economía no hay contratos.

En este sentido, los padres abogados de los niños al definir las relaciones contractuales como aquellas donde existe la igualdad entre partes y el equilibrio perfecto, están incurriendo en falacia – desde un punto de vista económico – están equivocados. La inexistencia e imposibilidad del “equilibrio” o “igualdad” en las relaciones contractuales se basan en dos puntos fundamentales: 1.- Las “valoraciones subjetivas” de las partes en el contrato: en el sentido que todas las personas valoramos las cosas, situaciones y circunstancias de forma distinta, en el caso nuestro de los “niños”, Fabricio valora más un “perro” y Gonzalito valora más un “gato”, no lo hacen en forma equitativa o igualitaria, pues si acaso ocurriera ello, a valoraciones iguales simplemente no hay contrato (nadie compra pan para vender pan). Es menester internalizar el valor subjetivo de las cosas y la libertad subjetiva, no como aquella definida por el legislador o por la norma, sino por aquella definida por cada persona; 2.- Los costos existentes para contratar: estos costos son aquellos en los que incurrimos al usar el “mercado”, entendiendo a este, como el medio de interacción económica de las personas, donde se expresan sus intereses y se busca satisfacer necesidades. Aquí encontramos dos clases de costos; 2.1.- Costos de Transacción: como aquellos costos en tiempo, información y dinero, en los que incurrimos al usar el “mercado”. Cada persona tiene distintas capacidades para sistematiza y alcanzar información y dinero, así como distintas formas de administrar su tiempo; 2.2.- Costo de Oportunidad: como aquellos costos traducidos en lo que dejamos de hacer, por desarrollar lo elegido, así cada persona por sus distintas funciones y ocupaciones, dejará de hacer cosas tan distintas como ocupaciones existentes.           

Lo que es verdad, es que en todo contrato se busca que ganen ambas partes, nunca existirá la perfecta equivalencia de la que hablan los “civilistas” en Derecho. La equivalencia en el contrato es un sofisma, dado que a valores equivalentes simplemente “no hay contrato”, sólo hay contrato cuando ambas partes “valoran” que ganan al relacionarse, porque el valor es subjetivo y no objetivo como lo creen los marxistas. Pero, ¿cuál es el núcleo de este razonamiento falaz?, pues es la “valoración objetiva” de las cosas, una valoración insuficiente e incierta. Debemos concebir e internalizar la “valoración subjetiva”. Cada uno tiene la LIBERTAD de definir sus valores; ni la norma, ni el legislador lo define, lo define cada uno (nivel subjetivo) – así en el caso planteado, para algunos mayor valor tendrá el “gato” y para otros “el perro”.

En estos términos, ninguna actividad contractual (fundamentalmente civil) debe buscar la equidad o igualdad perfecta de partes, porque esta es inexistente en la realidad, el contrato tiene otra naturaleza. Partir de una visión equivocada de la naturaleza económica de las relaciones contractuales, nos podría llevar a lugares no deseados, a resultados ineficientes e injustos.

Así, en términos económicos, cuando un intercambio es voluntario lo que tenemos es lo que llaman los economistas, “una preferencia rebelada”; elegimos tomar una postura, una posición, porque estamos mejor que la posición anterior. Ergo, nuestros niños del ejemplo – Fabricio y Gonzalito – intercambiarán sus juguetes, pues así están mejor que antes, y ello es producto de su valoración subjetiva.

Entonces, las relaciones contractuales no son un “juego de suma cero”, el mercado no es un juego de equilibrios, esta es una visión Aristotélica equivocada. Sólo hay contrato cuando yo valoro más lo que recibo que lo que doy, por ello es imposible el equilibrio contractual, en ningún tipo de contrato puede existir un equilibrio contractual absoluto, buscarlo irracionalmente sólo crearía ineficiencia. Fabricio y Gonzalito están felices, no porque sus valoraciones y relaciones contractuales sean absolutamente equitativas, sino porque sus valoraciones subjetivas los han llevado a relacionarse a través de una “permuta”, han reconocido su inequidad valorativa al relacionarse, y descubierto que están mejor que antes.

La relación de las ciencias y disciplinas nos brindan nuevas alternativas de análisis. La probabilidad de equivocarme en este análisis es grande, sepan disculparme.

Por: José Manuel Acosta Aguilar

Artículo exclusivo para el Instituto Acción Liberal.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Video IAL

Palabras de Enrique Ghersi a IAL

Biblioteca Liberal

Follow Instituto Acción Liberal on WordPress.com

IAL APOYA

Archivo

Calendario Liberal

diciembre 2013
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
A %d blogueros les gusta esto: